viernes, 6 de julio de 2012

La pobre gerente de Recursos Humanos II-Del chisme al hecho-


Del chisme al hecho…

Los seres humanos somos grandes chismosos y el chisme es la dulce golosina del cotidiano transcurrir en las organizaciones. Las oficinas gerenciales son centros de canalización de información respecto a la gente y las oficinas de Recursos Humanos son centros de acopio y distribución de las más increíbles historias respecto a los empleados de las organizaciones.

Los gerentes de Recursos Humanos estamos llamados a ser prudentes en el manejo de la información personal de los individuos,  y, aunque reconozco que el chisme es humano, nos divierte, nos relaja, nos culturiza y un buen chisme le puede poner sal y pimienta a la rutina, en la empresa no estamos en la sala de nuestra casa.

Somos los garantes de la integridad y dignidad de los empleados y convertir su información personal en chisme puede pender de un acto humano que sólo tiene que cruzar una delgada línea: La ética.

Con esta reflexión les invito a disfrutar del segundo capítulo de la historia de “La pobre gerente de Recurso Humanos” en su segunda edición.

Para todos

Saludos de paz y bien


La pobre gerente de Recursos Humanos II:


En realidad no era la primera vez que un coachee me mostraba interés en saber cosas acerca de mí, sin embargo, era la primera vez que alguien pretendía hacerlo de una forma tan invasiva y agresiva.

Con ella allí tan cerca, mirándome de esa forma tan intensa, experimenté una extraña sensación, como un frío en el alma, sentí que se me dormían las manos y que poco a poco la sangre que irrigaba mis dedos se recogía en una lucha de mis venas y arterias por mandar sangre a mi corazón, el cual también sentí que se paralizó por un momento. Recordé en ese momento a mi profesora de Artes Plásticas, Janet, increpándome por lo horrible que había quedado mi tarea, reproduje en mi cabeza el sound track de psicosis al mismo tiempo que asimilaba su cara, su mirada y su tono de voz, por segundos que parecieron milenios y esperando que no se hubiese notado mi espanto y sensación de pavor, logré articular un discurso más o menos coherente:

-       Naturalmente, de la misma forma en que para iniciar el proceso de Coaching yo necesito toda la información que me puedas proporcionar, eventualmente puedo hablarte de mí, pero te recuerdo que aquí el interés es obtener información sobre ti para poder ayudarte a ver de una forma diferente la realidad y que así mejores tus prácticas gerenciales.

-       ¿Y quien dijo que yo quiero ayuda?

-       Todos la necesitamos.

-       Que tú la necesites, no quiere decir que yo la necesite.

-       No lo niego, pero respecto a ti algunas personas me han hecho saber que sí la necesitas, los empleados se han estado quejando de ti, y hasta donde sé,  tú aceptaste en reunión gerencial que todo el grupo debería venir a recibir coaching.

-       ¿Cómo qué la gente se está quejando de mí?, ¿Quién te dijo eso?

En ese momento irrumpieron en la oficina el gerente general y otro caballero de aspecto impecable, llevaba puesto un agradable perfume, nos dio un fuerte y amistoso apretón de manos presentándose como F. Gentleman. Su entrada fue un alivio, en vista de lo tensa que se estaba poniendo la conversación, pero pude percatarme del cambio de expresión en el rostro de Leonor al momento de apretar la mano de F., su cara era de horror, se descompuso, tuve la impresión de que sus manos temblaban ligeramente, luego de saludar, F. se dirigió a Leonor y le dijo:

-       Me alegro mucho de que hayas aceptado entrar en proceso de Coaching.

-       Yo también, tenía tiempo diciéndole a mi jefecito que estos procesos son tan necesarios para todos en la empresa. Particularmente soy defensora de los procesos reflexivos guiados por la palabra, además estoy encantada con Patricia, siento que todo está fluyendo entre nosotras dos, así que ten por seguro que me espera un extraordinario proceso de cambio, de hecho ya lo estoy sintiendo

Bueno señores, no es que yo sea un estándar de la normalidad, pero delirios  no tengo, y en ese momento mientras escuchaba a Leonor hablando con el señor Gentleman por un instante pensé que estaba más de allá que de acá, es decir loca de atar. Antes de quedarme sola con aquella mujer, respirando resentimiento y transpirando odio, opté por excusarme y retirarme del recinto, comentando que casualmente la sesión había terminado y que tenía quince minutos para llegar a otra empresa donde me esperaban para una dinámica de grupo. Recogí todo y salí más rápido que una patineta en bajada.

Al montarme en el carro, noté que estaba helada, a tal punto que no prendí el aire acondicionado, aún cuando eran las once de la mañana y hacían treinta y cinco grados a la sombra. Necesitaba calorcito, pensé en mi mamá, mi camita, mi cobijita de lana y todo aquello que me suele reconfortar. Llamé a mi buena amiga Romelia, quien trabaja hace muchos años en el entorno organizacional y a quien considero una mujer de mucho sentido común y le dije, ¿Qué haces? ¿Dónde andas? ¿Quieres almorzar conmigo?  Notó algo raro en mi voz y preocupada me preguntó: ¿Qué te pasa?

-       Necesito verte, ya.
-       Bueno, estoy en la oficina, tengo reunión a las dos pero podemos conversar un rato.
-       Estoy allá en una hora, no te muevas de ahí.

En efecto nos encontramos, nos sentamos a almorzar y le conté casi sin probar bocado todo lo que me había ocurrido, ella quedó asombrada y no sabía que decirme, luego de un rato sin articular palabra, me dice:

-       Me parece que se comportó extraño
-       ¡Nooooo! Claro, está de psiquiatra, es una psicópata, ¿Cómo puede ser gerente de recursos humanos?
-       Te sorprenderías.
-       ¿Qué hago? Está claro que mientras esté a solas conmigo, va a ser muy difícil encontrar su quiebre, si es que lo tiene. Va a ser más que difícil invitarla al cambio, hacerla ver sus posibles errores como líder. Mi gran boca y yo.
-       Mira amiga, no te precipites, ¿Cuántas sesiones son?
-       Veinte.
-       ¿Y llevas?
-       Una.
-       Más a mi favor, espera unas tres ó cuatro sesiones y con más elementos de observación puedes tener una mejor apreciación, no te lleves por la primera impresión.
-       Es que nunca me había pasado nada similar.
-       Siempre hay una primera vez para todo, háblale desde el amor a lo que haces, ¿Por qué te dedicas tú a esto?
-       ¿Ayudar?
-       Dilo con propiedad mujer, a ti te encanta generar cambios positivos en la gente y tienes una preciosa oportunidad.
-       Visto así…

Continuamos hablando por largo rato y Romelia me hizo entender que incluso podía haber tenido una percepción equivocada, que tuviera cuidado con los prejuicios, etc. El punto fue que me convencí que valía la pena continuar, por lo que al llegar a casa, llamé a Leonor para acordar la siguiente cita

-       ¿Aló?, ¿Leonor?
-       Si.
-       Soy Patricia, tu coach.
-       ¡Hola bella! ¿Cómo estás? Estaba pensando en ti, saliste corriendo.
-       Si, disculpa es que nos estábamos prolongando y tenía que llegar puntual a una reunión, pero justamente te llamo para acordar nuestra próxima cita, ¿Te parece el Jueves a las diez?
-       Listo a esa hora el Jueves. Te espero.
-       Seguro, Bye!
-       Bye!

La verdad preferí no pensar en nada luego de la conversación, la situación me tenía ansiosa, sin embargo, anoté jueves a las diez de la mañana en mi agenda, me senté a hacer una meditación, puse mi mente en blanco y hasta el Jueves.

El Jueves me levanté a las cinco y me fui al Ávila, por aquello de cargar las pilas con gasolina de avión haciendo ejercicio físico, llegué a la casa me duché, me perfumé, me vestí y salí para la segunda sesión con Leonor.

Llegué y ella estaba sentada en su oficina conversando animadamente con F. Pedí permiso para interrumpir y ella con mucho cariño me invitó a pasar, yo entré animada y fresca, con la mente centrada, luego de la conversación con Romelia y contenta de que F. estuviera allí porque me parece que es buena influencia para ella. Él pidió excusas y salió de la oficina, y nuevamente quedamos allí, tomé la iniciativa y decidí continuar explorando algunos aspectos de su vida profesional, hablamos animosamente, alineamos expectativas frente al proceso, hablamos de algunos aspectos que quería mejorar como gerente entre otros su estilo de liderazgo y algunos inconvenientes de inteligencia emocional que ella consideraba hacían mella en su relación con la gente, me comentó con mucha honestidad:

-       Sabes Patricia, yo quisiera aprender a ubicarme mejor en el lugar del otro, la empatía es un tema que me cuesta y honestamente te digo, a veces pienso que la gente quiere que este departamento se llame “derechos humanos” y no Recursos Humanos.  Si te dejas embaucar, te tejen unas novelas que cuando te das cuenta te dieron la vuelta y la gente comienza a hacer lo que quiere, es dónde me pregunto por qué no mejor se van a trabajar a otro lado y a veces sin querer se me escapa y si lo pregunto.
-       Pero ¿Qué es lo que te fastidia de la gente?

Responde con desdén y obstinación:

- La novela, el drama como si ya la empresa no tuviera suficientes problemas, entonces por un lado me piden eficiencia: que todas las evaluaciones estén al día, paridad salarial, recorte de presupuesto y cumplimiento de normas y por otro tengo que ser Santa Teresita del Niño Jesús, no me joroben, me ahorra muchos inconvenientes tener la posición del policía malo.
- Y una gerente de RRHH ¿Es un policía?
- Con blaser y collar de perlas.
- Y no podemos encontrar un punto de equilibrio, me dijiste que desde pequeña querías ser Gerente de RRHH, eso implica que tenías interés en la gente.
- O en el estatus.

De esta forma discurrió una conversación profunda y filosófica sobre la razón de ser de un Gerente de RRHH, yo estaba impresionada conmigo misma y mis habilidades como coach, cerramos la sesión, le asigné un par de lecturas y salí de su oficina. Al salir me conseguí en el pasillo con Mariana una compañera de  universidad que estaba trabajando allí, nos saludamos con mucho cariño.

- ¿De dónde vienes?
- De una sesión de coaching con Leonor
- ¡Ave María purísima!
- Sin pecado concebida, ¿Qué te pasa niña? ¿Y esa cara?

Me agarró por la muñeca, me sacó a rastras fuera del edificio, me montó en su carro y puso la música a buen volumen:

- Cuidado mana esa bicha es psicópata no puedes dársela a otra persona?
- Cálmate mujer me parece que la juzgas, yo lo que pienso es que ha sido muy maltratada e incomprendida.
- No niña bájate de esa nube, para colmo se rumora que F. la puso en esa posición para hacerla renunciar porque él la odia y se dice que ella no quería ese puesto. Tienes que tener cuidado.
- Mariana cálmate, mi rol es conservar la objetividad y el ánimo de ayuda.
- Cómo quieras. Ten cuidado.

Sacó una imagen de San Miguel Arcángel que tenía en la guantera, la besó y me la entregó para que me protegiera, la tomé y seguí mi camino. Sentí en ese momento que el problema de Leonor era que la habían estigmatizado y no estaba dispuesta a dejar que nadie nublara mi razón y mi buen juicio.

Bien dicen, “la ignorancia, es atrevida”…

domingo, 22 de enero de 2012

ALGO DE COHERENCIA O INCOHERENCIA...NO SE.

Hoy una de las personas más coherentes que conozco me preguntó, entre pregunta y afirmación: "Es difícil ser coherente" .  A esta pregunta-afirmación respondí: Sí! Muchísimo.

Eventualmente ser coherente implica no ser todo lo político que la gente espera que seas, implica olvidar quien eres en escencia. A veces la gente te ve como un loco o loca por ser coherente. La lucides ofende y no se por qué.

Muchas veces una mascara de incoherencia pesa mucho y los más peligroso no es cargar el peso sino acostumbrarnos a el.

Sin embargo de algo estoy segura, ser coherente te permite estar más tranquilo, sentirte mejor contigo mismo, conocer quien te quiere tal y como eres, sentirte sensato y lo mejor sentirte SANO.

Atreverse a ser coherente te permite sentir intensamente todo lo que te rrodea, desde una mirada hasta un silencio.

El problema es que no siempre llevamos suficiente efectivo para pagar el precio de la coherencia.

martes, 22 de marzo de 2011

La Pobre Directora de Recursos Humanos-Capítulo I

Deseo compartir esta historia como reflexión para todos aquellos lectores relacionados con la gestión de Recursos Humanos en las empresas.  Una historia una tanto burlesca, alimentada de lo objetivo y lo subjetivo, la realidad y la fantasía.

Quiero antes, contar una anécdota de algo que viví y marcó para siempre mi vida profesional. En una oportunidad estando en un Summit de Desarrollo Organizacional, un expositor preguntó frente a una audiencia de aproximadamente seiscientas personas que trabajaban en Recursos Humanos, cuál era la competencia más importante que debía tener un gerente de RRHH. Instantáneamente  llovieron respuestas: Flexibilidad, negociación, impacto, liderazgo, por citar algunas. En medio de aquel bullicio, decidí que yo debía decir algo también, y aunque no es una competencia tipificada,  grité lo que siempre he pensado: ¡Buena Gente!

El expositor hizo un alto, y preguntó: ¿quién dijo  buena gente? Levanté la mano con la responsabilidad del caso, él me miró fijamente con ojos inquisidores y dijo: “Es exactamente esa: Buena Gente”.

Explicó la importancia del valor de la bondad y la generosidad del los profesionales en manos de los cuáles reside la tranquilidad y la salud física y mental de los trabajadores, explicó los peligros de que un líder de recursos humanos que careciese de este valor, difícil de cuantificar ó medir. Un valor que simplemente se tiene o no se tiene.

Desde hace cinco años cuando me reúno con un profesional de recursos humanos por mero ocio hago esa pregunta, es preocupante el escaso número de profesionales del área que destaca ese valor como importante.

A continuación narraré una historia, que si bien podría ser cierta,  cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.



La Pobre Directora de Recursos Humanos:
Capítulo I

Me habían invitado como consultor a una cena entre gerentes y directivos, hasta ese momento la reunión no había sido más, que un interminable compartir entre compañeros de trabajo, con todos los intríngulis que ello implica: el que se pasó de tragos, fulanita parece que está saliendo con el de finanzas, etc. Contemplaba yo aquel circo empresarial, cuando el Gerente General de la empresa me llamó aparte. ´No quería que por ninguna razón, llegara a los oídos de la Directora de Recursos Humanos el contenido de nuestra conversación. El hombre hablaba tan bajo que tuve que hacer gala de destrezas biónicas para entender la solicitud.

Desde ese momento, supe que el asunto requería algo más que metodología tradicional, pero como soy muy curiosa…decidí meterme en una clase de problema, habría sido mejor unirme a una banda de gansters callejeros.


Quedó claro en la conversación, que él estaba solicitando para su Gerente de Recursos Humanos, un proceso de coaching en vista de que durante los últimos meses otros gerentes y empleados, se habían estado quejando de malos tratos, respuestas inadecuadas, algo de violencia física y alguno que otro accidentillo laboral que no parecía casual sino más bien provocado.

Sin entrar en detalles que no vienen al caso, me tuve que ir al manual de diagnóstico estadístico de trastornos mentales para poder entender y cerciorarme de que todo lo que había escuchado encajaba perfectamente en la descripción de un trastorno tenía un nombre. Dios ¡Que nombre!

De hecho para que la señora en cuestión no sospechara nada, (era evidente que le temían) contrataron el programa de coaching para todo el tren gerencial y así fue como conocí a doña Leonor. Una mujer muy guapa y elegante, no era muy alta pero si muy bien vestida y simétrica. Al entrar me tendió la mano, rápidamente observé su oficina. Sobre su escritorio descansaba: El Príncipe de Maquiavelo, detrás de su silla una pintura con la imagen de la puerta del Infierno de Dante. En la puerta del infierno había una leyenda que decía algo en un idioma no comprensible para mí, halagué la estética de la pintura y le pregunté si sabía la traducción de lo que decía en la puerta  y me dijo, allí dice: “Dejad toda esperanza afuera, los que entren aquí”. Tragué grueso y proseguí.

Le pedí que me hablara de su vida, su record profesional, algo de su vida personal, cómo llegó a ser Gerente de Recursos Humanos, entre otros aspectos. Me contó que desde que ingresó en Kinder ella sabía que llegaría a ser Gerente de RRHH, que nunca tuvo esos problemas de desorientación vocacional. Que para el momento estaba sola (39 años), pero que aún esperaba a su príncipe azul. Que su hobbie era cuidar de su físico, iba cuatro veces a la semana: dos horas al gimnasio de la oficina de 3:00am a 5:00 am y a las 5:30 arrancaba actividades de 5:30 a 8:00- “Cuando empieza el fastidio”- palabras textuales, contestaba los correos y a las 8:00 AM, comenzaba reuniones y atención al público, luego de las 5:00pm, volvía a conectarse con el correo y se dedicaba a labores administrativas, casos legales, seguimiento selección y adiestramiento, análisis de la compensación, temas de incremento, pendientes con el sindicato, la fiesta de los niños, las quejas del comedor etc. Eso sí a las 8:00pm se iba a su casa pasara lo que pasara: sus horas de sueño para ella son sagradas y supongo que sí en vista de que trabaja 15 horas al día.

Le pregunté si no había posibilidad de reducir en un par de horas ese horario tan “salvaje”, me miró como quien no comprende lo que se le dice y preferí no insistir, asumí que si se trabaja así, es porque se necesita.

Proseguí con algunas preguntas de corte personal, unas quedaron respondidas y otras no. De repente, ella se levantó de su silla, dio la vuelta al escritorio, se sentó frente a mí, me miró fijamente, y me dijo:

-Ya tienes 45 minutos preguntándome cosas, ahora me toca a mí…

Continuará…

Autor:
Patricia María Escalona Narváez

Edición:
Ana Margarita Escalona

Agradecimientos por aporte creativo:
Yojana Ramírez

viernes, 11 de febrero de 2011

¡TE ESTOY VIENDO!-SALUD Y TRABAJO

Ayer estuve viendo BARAKA, gran película. Llena de imágenes que cautivan, impactan, seducen y por alguna razón se inoculan como un bálsamo exorcista en el inconsciente. Luego de sumergirme en ella, sentí profundas ganas de llorar, naturalmente caí en cuenta de algo terrible, esta película me ha obligado a admirar la lentitud y no la velocidad; y en la cotidianidad ando tan rápido que me olvido que el cuerpo es más lento que la velocidad que me exijo y naturalmente la psique es mil millones de veces más lenta que el cuerpo.

Para darnos una idea me remito a un ejemplo sencillo: Cuantas veces no enterramos un ser querido (por citar uno entre mil ejemplos de impacto emocional) y diez años más tarde un día nos encontramos llorando amargamente porque perdimos una llave, ó no obtuvimos una firma a tiempo etc. Y pensamos en un flash back, de una manera casi absurda en: Mi mamá, amigo, abuela, tía o en esa persona que no tuvimos tiempo de llorar en un velorio;  al que fuimos con la cabeza puesta en regresar a nuestras labores sin detenernos un día, tan sólo UNO a vivir la tristeza. Y para colmo todo el mundo se fue admirando de nuestra integridad y fortaleza.

Pensemos un minuto, qué estamos haciendo para ponerle una pausa al día de trabajo, cómo nos estamos conectando con el descanso saludable, o es que acaso una pausa es para vagos, flojos y fracasados. Cuidado con las trampas de la velocidad. Un momento de relajación, descanso, una hora de yoga, un almuerzo de sesenta minutos y no de quince, un masaje, una ida al cine… nos pueden salvar de no estar un día, buscando un sedante, pastillita, etc.  Para ir a una presentación con el jefe, salir de un ataque de pánico mientras escribo en la computadora, atenuar una terrible sensación de angustia que no tiene explicación superficial ó simplemente dormir bien después de doce a dieciséis horas de trabajo.

Caras vemos y corazones no sabemos, yo los conozco, muy almidonad@s corriendo por la oficina,  ¡TE ESTOY VIENDO!

Detente, respira cinco minutos y sigue, no contribuyas a una jubilación temprana o cargada de antidepresivos. Contribuye con tu éxito, la calma nos hace ver claro, nos pone inteligentes.

Y si esto no te suena para nada, sigue, no es tu momento de conectarte con la lentitud.

Gracias a mi buen José Arato por la recomendación.

PEN

viernes, 14 de enero de 2011

¡Mi Jefe(a) es lo Más!

Cuando tenemos un jefe(a) que admiramos mucho usualmente eso nos hace sentir identificados al máximo con la empresa y con el trabajo. Solemos admirarlo por sus cualidades intelectuales, profesionales y/o personales. Uno siente que entre su jefe(a) y uno(a) hay un lazo único y especial, casi llegando a un enamoramiento sublimado que por un pequeño empujón no se vuelve erótico.

Lo que ocurre es que sobre ese jefe(a) proyectamos todas nuestras cosas positivas y además ponemos en el o ella nuestro ideal de YO. No hay nada más afrodisíaco que un buen jefe o jefa puesto que eso nos hace ser creativos y altamente productivos. Nos pone en contacto con lo mejor de nosotros mismos, de la misma forma que un mal jefe despierta al psicópata que todos tenemos por dentro.

Los buenos jefes (as) suelen hacernos contactar con los recuerdos de buenas figuras de autoridad de la infancia: Padres, tíos-tías, maestros, hermanos, etc. Es por eso que debemos revisarnos muy bien cuando un jefe o jefa no nos gusta, miremos hacia dentro y verifiquemos bien ¿qué nos está moviendo?.

Eso sí cuando tengas un buen Jefe(a) disfrútalo(a) mucho, son como los buenos momentos hay que vivirles intensamente.

PEN